
Siempre era en la misma esquina donde desde hacía ya varios meses, Michelle hacía surgir música de su violín. Ni este era un Stradivarius, ni Michelle era gran músico, pero ambos, en esa mediocridad que nos otorga usualmente la vida, se complementaban muy bien. Todos sabemos que en la vida hay gente que tiene suerte y otra que no... Michelle es, sin duda alguna, de este último grupo y pese a esa vida bohemia que algunas veces deseamos, las necesidades de tener que subsistir en una gran ciudad, siempre le conferían un problema de dinero que intentaba paliar con su repetitiva musiquilla...
Solía tocar sin mucho talento pero con gran empeño y entusiasmo... durante horas y sin aparente cansancio, rasgaba una y otra vez las cuerdas del violín que regalaba a quienes la escuchaban conocidas o improvisadas piezas... pero ella tocaba ajena a su público... ajena a la calle donde estaba... ajena a la ciudad donde habitaba... ella tocaba ajena a todo y a todos... ajena incluso a su propia existencia pues en aquellos momentos, sólo su música le confería la sensación de vida que necesitaba...
Pero aunque la sociedad fuese ajena a ella, ella no era ajena a la sociedad... y alguien se brindó a ayudarle... cada vez más personas se interesaban por ella y poco a poco consiguieron recluirla en un centro asistencial donde camina de forma lánguida por un limitado jardín...
Hoy, Silvano ha ocupado la misma esquina que usó Michelle... él carga con su guitarra que rasga con más brío que arte... sí... parece que Silvano tampoco ha tenido mucha suerte... quién sabe si dentro de un tiempo la sociedad también se preocupe por él... quien sabe...