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Publicidad

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  Quien espera que otro abra su puerta, ya ha elegido su prisión. La publicidad nos vende cualquier cosa (y regala fama a cualquiera)... no importa si el producto es bueno, si el cuadro merece estar en el Louvre o si la canción tiene algo que decir... lo único que importa es que alguien, en algún despacho, decida que le ha llegado el turno de brillar, y nosotros, dóciles, aplaudimos... porque si algo hemos demostrado como especie es que somos bastante fáciles de convencer (un poco borregos, para qué engañarnos)... nos ponen un cartel bonito delante y vamos todos en fila hacia donde nos señalan… rebajaws, ofertas, liquidación… no, no nos podemos resistir. La Gioconda era un cuadro más hasta que la robaron en 1911... antes de eso, ni siquiera era la pieza más admirada del Louvre (había otras consideradas superiores). El robo la puso en todos los periódicos del mundo, y esa publicidad (involuntaria, pero publicidad al fin y al cabo) hizo el resto... hoy millones de turistas hacen lar...

Filas

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  Toda verdad miente; toda mentira revela. Nos pasamos la vida planificando... la hipoteca a treinta años, el plan de pensiones, la boda, las vacaciones del verano que viene. Rellenamos agendas hasta 2040 como si tuviéramos un contrato en exclusiva con el tiempo... Y sin embargo hay una cita a la que todos estamos invitados, sin excepción, sin posibilidad de cancelar ni de mandar a alguien en nuestro lugar, y de la que nadie quiere hablar en la sobremesa. La muerte es la única democracia real que conozco... no pregunta por tu cuenta corriente, ni por tu currículum, ni por cuántos seguidores tienes. Al rico le llega igual que al pobre, solo que el rico suele llegar en un ataúd más caro, como si la madera fuera a impresionar a alguien ahí abajo. El listo no la esquiva pensando más rápido, y el guapo tampoco le hace ojitos para que pase de largo... es lo más justo que existe, y por eso, curiosamente, es lo que menos nos gusta. Hemos convertido la palabra "muerte" en un tabú tan ...

Fanatismo

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  La noche no conoce fronteras. Cuando se habla de fanatismo, lo primero que nos viene a la mente es la religión: sus extremismos contra otras creencias, sus castigos y penitencias para quien osa desviarse de la norma, su afán de domeñar conciencias en nombre de un dios que, curiosamente, nunca habla por sí mismo… es la imagen cómoda, la que nos permite señalar al otro y sentirnos satisfechos por hacer lo correcto… pero hay un fanatismo más rentable, más antiguo y peor vestido: el político, ese que viste traje, bandera y discurso de prosperidad, y que ha enviado a morir a más hombres sencillos que todos los sermones juntos. Desde casi siempre se ha luchado por la conquista de territorios y de poder. Reyes y caudillos exigían a los suyos marchar a la guerra esgrimiendo un deber sagrado de honor, o una amenaza constante de muerte para quien se negara... el campesino no entendía de fronteras ni de dinastías; entendía de miedo, de hambre y de obediencia. Marchaba, eso sí, con la promes...

Ayudas

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El bien y el mal comparten el mismo límite. La empatía no suele pedir permiso. Aparece de repente, casi como un reflejo, cuando alguien tropieza en la calle y cae al suelo. Entonces nadie pregunta, nadie calcula, nadie examina al otro... simplemente se acerca, tiende la mano y ayuda. Durante unos segundos, desaparecen las diferencias de credos, razas, sexos...  y solo queda lo esencial, el reconocimiento de otro ser humano en apuros. Es una verdad sencilla, casi instintiva, que parece recordarnos quiénes somos en lo más profundo. Sin embargo, cuando ese mismo gesto se traslada del individuo a la multitud, algo cambia... la cercanía se convierte en distancia, la urgencia en sospecha y la ayuda en discusión. De pronto aparecen palabras como "límite", "control" o "capacidad", que no son en sí mismas injustas, pero que a veces se utilizan como muros antes que como herramientas. Lugares como Ceuta se convierten entonces en escenarios donde no solo llegan perso...

Metamorfosis

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La semilla de la cicuta, porta la vida y lleva la muerte… En los últimos meses, he pasado varias veces por el centro de mi ciudad. No sé exactamente cuándo comenzó, pero cada vez que camino por sus calles tengo la sensación de estar visitando un lugar que conozco y, al mismo tiempo, ya no reconozco. Quizá sea porque cada vez hay más edificios en obras, ocultando la hermosa arquitectura que les daba su particular personalidad tras grandes lonas sujetas a los andamios; lonas que, la mayoría de las veces, se empeñan en convencernos de todo aquello que necesitamos comprar, visitar o consumir. Detrás de ellas, las fachadas se restauran, se limpian y recuperan su esplendor. Y, sin embargo, algo parece perderse en el proceso, porque no siempre restaurar un edificio significa conservar una ciudad. Aquellas viviendas que ocuparon los vecinos durante décadas, algunas durante varias generaciones, se transforman poco a poco. Las casas donde nacieron niños, donde se celebraron cumpleaños, donde se ...

Cariño

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      Mañana, hoy será ayer Estar atrapado en un amor que se ha marchitado es una de las prisiones emocionales más dolorosas. Imagina la escena: por un lado, alguien que se aferra a los restos de un cariño que ya no quema , sino que apenas humea. Es una mezcla de afecto residual, la pesada capa de la obligación impuesta por el tiempo y el miedo, y una punzante pena y al tiempo dolor, ante la idea de la ruptura. Cada gesto, cada palabra, se siente como una cuerda que, lejos de unir, solo aprieta más, recordando el peso de un vínculo que debería ser liviano. No hay pasión, sólo la inercia de la costumbre y la culpa que susurra: "No puedes irte, ¿qué será de él/ella?". La lealtad se ha transformado en una carga, y el amor, en un sacrificio silencioso. Mientras tanto, al otro lado de este abismo emocional, se encuentra la persona que habita un mundo propio, ajeno a las corrientes que arrastran a su pareja . Vive en su burbuja, quizás también ensimismado en sus rutinas, sus am...

Todo

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Me da miedo la soledad que siento cuando estoy rodeado de personas…  El siguiente texto, no está basado en análisis científicos ni en pruebas de ningún tipo. No hay nada que se pueda demostrar de manera irrefutable, ni creo que de ninguna otra manera. Tan sólo he recogido una serie de pensamientos y reflexiones que me gustaría compartir con todos aquellos que se acerquen a leer esto. Es mi opinión personal y no hay nada más detrás de todo esto. La hipoteśis de la vida: Una casualidad cósmica y sus implicaciones La existencia de la vida es, sin duda, uno de los misterios más profundos y fascinantes que el universo nos presenta. Desde la compleja maquinaria biológica de una célula hasta la intrincada red ecológica que sustenta nuestro planeta, la vida siempre se ha manifestado en una miríada de formas. Sin embargo, quizás al examinarla a través de una lente más técnica, puramente científica y probabilística, surge una hipótesis que, aunque quizás poco reconfortante para algunos, s...