Lo que se espera que hagamos, no siempre ha de ser lo deberíamos hacer.
No había otra opción. El despertador sonaba con insistencia hasta que Roberto lograba espabilarse sobre las 6:30 de la mañana... siempre le costaba levantarse, y hasta que no salía a la calle y sentía el aire de la ciudad recorrer sus pulmones, no lograba ser consciente de que el día ya había comenzado y pese a que no le gustase en exceso, el trabajo estaba esperándole.
Cogía el metro no demasiado lejos de su casa y siempre sobre la misma hora. Ya llevaba con esa rutina varios años y reconocía muchos de los rostros que viajaban junto a él, la mayoría con la mirada perdida escuchando música, o aquellos leían libros o diarios o simplemente los que aprovechaban para descansar cerrando los ojos y dejando que los últimos instantes de la mañana les proporcionase esas gotas exprimidas de un descanso que ya había finalizado.
Durante años, había intercambiado miradas que se desviaban evitando una situación de incierta incomodidad que produce mirar a un desconocido a los ojos sin, tal vez, saber muy bien el por qué.
Alicia solía despertase antes de que la radio comenzase a vomitar, prácticamente, las mismas noticias que ya había leído en la prensa digital el día anterior. El mundo no había cambiado tanto cuando ella descansaba, y siempre optimista, comenzaba su jornada con una refrescante ducha y fruta variada. Sus primeros pasos del día siempre estaban medidos con esa misma organización y a partir de ahí, todo era improvisar, aunque por mucho que se empeñase, no solía ser muy distinto un día de otro.
Alicia y Roberto solían coincidir el metro desde… no sabría decir cuánto, pero sí mucho tiempo y hacía ya tiempo que él la había ayudado un día a coger un tren que se iba. Desde entonces se habían saludado con un tímido “hola” cuando alguna vez coincidían a cruzarse en el barrio, pero jamás se hablaban mientras viajaban entre las entrañas de la tierra, empujados y empujando a viajeros y al tiempo.
Roberto, casi siempre que coincidían en el metro, la miraba intentando que ella no se percatase, e intuía que ella era una mujer fresca, alegre, despreocupada, algo alocada y por ello divertida, pues siempre vestía ropa informal y parecía llevar una terrible prisa que en realidad no le conducía a ninguna parte.
También Alicia se había fijado en Roberto y sin querer ser vista por él, lo había analizado, pensando que era ordenado, meticuloso, detallista y muy responsable… un caballero educado y seguro que interesante.
Ambos coincidían en sus análisis y ambos habían pensado en varias ocasiones entablar una conversación para intentar conocerse mejor, pero ninguno de los dos encontró ni el momento, ni el valor para hacerlo.
Durante cerca de un año, todo se repetía casi un regularidad matemática y raro era el día que ambos, junto a otros muchos pasajeros, no coincidían en el metro.
Un día Roberto fue trasladado y desde aquel momento, cambió su rutina ya que la dirección que debía tomar era distinta y también la hora de hacerlo.
No vio a Alicia más, salvo una vez más en su barrio donde se repitió el consabido y tímido “hola” al que ella respondió de igual forma. Aquel día, en ambos, sus pensamientos se vieron ocupados de forma constante por la otra persona y ambos llegaron a la conclusión por separado, de que les gustaba, así que tomaron la determinación de intentar dar un paso más en aquellas breves conversaciones de un simple y escueto saludo
No volvieron a coincidir nunca, pero siempre ambos pensaron que habría pasado si hubiesen dado un paso más allá de lo que se esperaba…
Lástima, por que sin ellos saberlo, ambos eran complementarios… sí, una lástima
Hoy, los noticiarios de todo el mundo y millones de entradas en internet, nos recordarán que hace 40 años, Neil Armstrong se convertía en el primer ser humano que anduvo por la superficie de nuestro satélite.
Desde entonces, se ha discutido si fue verdad o un montaje, si tiene sentido gastar fortunas en eso mientras el mundo está como está o si realmente, será necesario para la humanidad estos avances... No tengo las respuestas, pero sí estoy convencido de que ese acontecimiento, ha sido acojonante
El que las cosas sean como son, no significa que sean como tienen que ser, pero ¿debemos intentar cambiarlo???
Todos tenemos la idea de un pájaro enjaulado o un pez en una pecera… tal vez sean nuestros prisioneros, o tal vez hayamos convertido a esos seres en lo que realmente son, objetos de adorno. ¿Nos gustaría hacer lo mismo con las personas???
Magia: Arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales.
Para qué sirve la magia si no puedo tenerte pues fui yo y no el destino quién deseo quererte y cuando llegó el momento de tener que perderte sólo deseo de verás una vez más… volver a verte
Un río seco, ya no es un río… pero pueden volver las lluvias
Una de las cosas que más me gusta contemplar en la época de estío, son las fuentes. No sólo es una invitación provocativa para refrescarse (a pesar de que suele estar prohibido) si no que además, es un descanso para la vista por su espectacularidad, para el oído, por el crepitar del agua cuando cae, para el olfato, cuando ese aroma de humedad rompe el monótono olor de la ciudad, para el tacto, cuando nos llega esa ligerísima bruma que escapa y alcanza nuestra piel y por supuesto, para el gusto, cuando aquellas de las que podemos beber, refrescan nuestra garganta y nos dan ese necesario respiro para continuar camino
De todos es conocido que antaño las fuentes eran necesarias para la vida de las ciudades, villas y aldeas, y eran los únicos lugares donde se podía recoger el líquido elemento y donde abrevaban los animales. Hoy, afortunadamente, continúan estando ahí llenando algunos huecos de una variopinta belleza que con el calor, resulta mucho más intensa…
No creo que nadie pueda imaginar una ciudad sin fuentes, y no creo que nadie pueda disfrutar de una fuente cuando esta está seca… por muy sencilla que sea…
Sigo sorprendiéndome de esas cosas pequeñas y simples que resultan ser tan importantes cuando reparamos en ellas… que no siempre es así.