
A veces siento y otras imagino palabras que florecen en mi boca y que no pueden escapar. Aprisionadas por mentiras, las menos… y por verdades, la mayoría… recorren la comisura de los labios confiando en encontrar una persona que les preste oídos para otorgarles la libertad que buscan y el sentido a la existencia que necesitan. Si no es así, caen sin más y los efluvios burlescos y prepotentes de una sociedad guiada por la hipocresía y motivada por una u otra moralidad, que si antaño era de fe, hoy es de ser correcto sin correcciones… caen en el suelo del olvido, son pisoteadas por la mediocridad y se pierden arrastradas por arroyos de olvido y algunas, las que son vivas realmente, arrastradas, a veces, por los vientos de la ignorancia…
Palabras que quedan en ciernes de pronunciarse, sin que encuentren sentido y se amontonan y agolpan sin orden, en un espontaneo caos que nace, probablemente del corazón, y que con posterioridad, la censura de la sensatez se preocupa, sin o puede dar salida, de colocar en estanterías en el alma, en la memoria… Luego, se escogen con exquisito cuidado aquellas que creemos más hermosas para cada ocasión, y así, vamos moldeando nuestras sensaciones con la herramienta de la palabra…
Las palabras, si no son escuchadas, hacen la misma función que lluvia en el océano…
En esta peculiar y personal nula libertad de expresión, sólo queda dejar que sean los dedos quienes a impulsos regulares, dejen escurrir, como si fuesen impulsivas lágrimas, letras, palabras, frases, párrafos, capítulos, libros, historias, ideas e incluso, algunas veces, hasta cultura… y bien se reflejan en los tomos de infinitos tamaños y colores, que antes de descansar en una librería, son sobados por las manos y bebidos por los ojos, o siguiendo, como es el caso, estos nuevos aires de modernidad y tecnología, quedan plasmadas en este invisible papel tecnológico, expuestas a cualquiera que sienta la curiosidad de querer escudriñar en el significado del contenido en el escaparate del anonimato…
Como si de un artista se tratase, cada escritor, que no cada escribiente, cada uno de nosotros, da forma a los sentimientos que en el momento de expresarlos, son distintos, únicos, mágicos, dolorosos… y es entonces cuando buscamos las palabras que son la herramienta para expresarlos… para darles forma y sentido…
Yo escribo para ti, que me lees, pero escribo por mí, que lo siento…
Ahora, sólo algunos pocos, siempre escasos amigos, comparten conmigo mis obras de arte y mis más horrendos bocetos… todas las sensaciones que han ido quedando plasmadas en pequeños escritos o en grandes y tal vez absurdas, disertaciones e incluso monólogos sin sentido alguno… Pero son siempre en esos momentos cuando tomamos todas las palabras, todos los sentimientos, todas las ideas… y las plasmamos sin miedo, sin vergüenza, sin pudor, sin censura… cuando podemos expresarnos como realmente somos, aunque sólo sea en ese momento, por que cambiamos… como esa foto que no tiene pasado ni futuro, si no, simplemente un eterno presente unido para siempre a un pedazo de papel…