Me gustan los momentos donde el sol, cercano al horizonte, tiñe de rojizo el cielo, cubriendo de color el día… Tal vez por que pone algo de alegría cuando el día termina, intentando compensar lo que de malo nos dejó, o tal vez por que pone alegría cuando el día comienza, con la esperanza de que sea maravilloso…
Apenas pasaban las 7 de la tarde y la fiesta ya comenzaba a sentirse en aquella villa… Poco a poco, en los accesos de la puerta principal, se iban colocando todos los lujosos vehículos cuyo coste era prohibitivo para la mayoría de las personas, pero allí todo era derroche y lujo…
No sabría decir muy bien la causa de la celebración de aquel evento, pero todo comenzaba ya a ser repetitivo… las mismas caras sonrientes de siempre… los vestidos cubiertos de lujo y complementados con joyas de toda índole…
Saludos, besos, sonrisas… siempre sonrisas… conversaciones de todo tipo… algunas interesantes para hacer negocios o para ganar lo que sea como fuere… otras, mucho más insustanciales y huecas, compromisos por ser quien se es y estar con quien se está… las menos, aunque no por ello inexistentes, cínicas por que la ocasión requiere ser educado cuando los sentimientos se quedan a la espera y todo ello se disimula bajo las burbujas de las copas de champagne que no se escatima en las copas que de vaciarse y llenarse de nuevo…
Sí, una y otra vez la fiesta que parecía ser una repetición de otras anteriores y que será casi un calco de otras que han de venir… empiezo a estar cansado de tener que participar en todas ellas…
Pero así son las cosas y cada uno ha estar donde le corresponde, moviéndose entre quienes conoce ya que, de alguna manera, es de eso de lo que comemos…
También yo, por que así lo exige el guión, me mantengo lo más elegante posible… con mi mejor sonrisa… escuchando levemente las conversaciones al tiempo que sigo ejercitando, de la mejor manera que sé los servicios que me solicitan… Sí señora, enseguida le traigo otra bandeja de “canapés”
Hay días que se visten de colores… otros de gris… otros, sencillamente se quedan desnudos.
Sin saber muy bien por qué, a veces tengo la sensación de hacer un inventario de mi vida, de recuento de mis actos, de bucear en mis recuerdos, de mirar atrás para intentar conocer el aquí y ahora…
Qué sencillo resulta poder, de esa forma, descubrir errores, afianzar los aciertos, entender como hemos llegado hasta aquí… mirando nuestro pasado, llegamos a comprender nuestro presente…
Pero … qué ocurre cuando el pasado está completamente vacío??? Cuando está, realmente vacío??? no hubo aciertos, no hubo errores, no hay recuerdos, no hubo riesgos, no hubo miedos, no hubo nada salvo una brecha oscura y sin fondo que no cesa de doler en alma…
Las pequeñas gotas forman una mágica lluvia… antes y después, tan sólo es agua.
Reconozco que uno se va acostumbrado a la rutina y por lo tanto, no me disgusta ver publicidad en los programas de la TV. No digo que me guste, si no que simplemente, se han convertido en parte del paisaje de la vida de urbanita por la que me he dejado someter… incluso algunos de ellos podrían ser catalogados como pequeñas obras de arte que en unos 20 segundos no sólo nos envían un mensaje para que consumamos tal o cual producto, si no que incluso llegan a convencernos de que es necesario o imprescindible…
La publicidad puede ser un auténtico arte y a pesar de que mucha es aburrida y repetitiva, algunas frases nacidas del mundo publicitario forman ya parte de nuestra vida y del vocabulario general, y es que la rutina machacona de escuchar un mismo mensaje varias veces, puede dar lugar a que nos convenzamos de que su mensaje es cierto… y así, a la hora de comprar el producto, a pesar de que no sepamos nada de nada, aquél que resulte más “oído” por nosotros, será el que más garantía nos ofrezca, sin que ello conlleve que sea el mejor, o simplemente, que en realidad nos haga falta…
Cuando hablamos de publicidad, inmediatamente lo relacionamos con un producto y con su consumo, pero creo que hay otra que de forma suave y dulce, nos va convenciendo de lo que se supone que es la sociedad…
La religión, la política e incluso la misma moral o ética, van cambiando a manos de la publicidad de quienes se empeñan en dar forma a este mundo… Nos dicen lo que está bien y lo que está mal y poco a poco aceptamos y damos como buenos ciertos valores… y mientras, por ejemplo, nos publicitan de una pandemia por el caso de la gripe A con alto riesgo de mortandad en el mundo civilizado (tal vez puedan morir hasta 1.000 personas), no se hace ningún tipo de publicidad para otras enfermedades tropicales que sesgan decenas de miles de vidas anualmente, pero evidentemente, no están aquí…
No hablaré de fe ni de política, donde la publicidad es una realidad más que constante… pero sí hablaré de la publicidad que de nosotros hacemos… y es que nos publicitamos de forma constante… procuramos estar “guapos”, ser “elegantes”, comportarnos “correctamente” y no sé si todo eso nos ha hecho perder algo de nuestra propia esencia de ser personas, seres humanos… y es que, queridos desconocidos, el ser humano siente y piensa, y eso, debe hacerlo por sí solo… hoy debemos vendernos cómo “ecologistas”, cómo “solidarios”, cómo “anti – muchas – cosas” y en definitiva, tengo la sensación de que pese a todos somos distintos, en el fondo, todos somos tan iguales que… cuesta creérselo
Hoy me sorprende la noticia de un hombre que negaba el Holocausto nazi y atentó contra un museo de EE.UU. dedicado a aquella terrible acción… pero… sinceramente… no sé qué pensarán los palestinos… Que no se malinterpreten mis palabras… en ningún caso está justificada la violencia y mucho menos el acabar con vidas o libertades ajenas en pos de ideas propias… pero no sé si la publicidad nos vende algo más que los yogures para ir al baño…
Durante varias horas estuve contemplando el agua cristalina que se deslizaba con un imperceptible movimiento sobre la pequeña laguna... pareciese que nada se interponía entre mis ojos y el fondo de rocas moldeadas y caóticamente colocadas por el paso del agua y del tiempo... La luz se deslizaba por el horizonte en un ocaso rojizo que extendía las sombras hacia el infinito, acercando desde las cercanas montañas un más que fresco viento y poco a poco la trasparencia del agua se ahogó en la oscuridad de la noche... Fue entonces cuando la luna fue tomando forma... el reflejo en el agua que hacía de espejo, llenaba de luz toda aquella oscuridad... Sólo podía mirarla, pues sé bien cuál es mi condena... Muchos piensan que era un simple reflejo... pero yo sé que es una forma de estar más cerca…
Muchas veces, la vida nos regala historias… libros en los que nosotros somos protagonistas… Algunas veces, la vida se divierte y arranca las últimas páginas, dejando ese libro en una perenne inconclusión… No hay finales felices, tampoco tristes… simplemente no hay final para algo que ya ha acabado… Y volvemos a leer, a interpretar, a intentar saber cómo ha de terminar ese libro, esa historia… esa historia que, pese a que ya ha terminado, no tiene final…
Recuerdo que hace algún tiempo, vi una entrevista donde la entrevistadora preguntaba sobre algo personal a la entrevistada y en aquella pregunta incluyó la frase “tú chico”. La entrevistada, al responder, incluyó en la respuesta, a modo de sutil aclaración “la persona que ahora mismo comparte mi vida”. Este pequeño matiz me hizo reflexionar sobre lo que entendemos por pareja y que tal vez, pensamos que llega a ser de nuestra propiedad.
Existen grandes novelas donde los amantes, al sentirse solos, acaban muriendo (tal vez el clásico sería Romeo y Julieta) e incluso en épocas de romanticismo casi empalagoso, en algunos casos, la realidad era que la ausencia del ser amado llevaba irremediablemente a una muerte casi obligada… Pero para la mayoría de las personas, y en la mayoría de los tiempos, la falta de amor, se suple de mil maneras y la vida continúa adelante…
Por otro lado, estamos inmersos en una sociedad donde el adulterio no está bien visto, e incluso, todavía nos sorprenden algunos países con lapidaciones a los adúlteros… Curiosamente, y de forma casi excepcional, hay parejas que, aún amándose mucho, no les preocupa si su pareja tiene o no relaciones con otras personas. Tal vez el mejor ejemplo lo tenemos en esas parejas que se forman dentro del mundo del cine pornográfico, o esos otros que acuden a lugares donde el intercambio de parejas es algo buscado… También es cierto que hay algunas culturas, de forma minoritaria, donde está permitida la poligamia o donde el “amor libre” es algo tan natural que en realidad a nadie le preocupa lo que para la mayoría de nosotros es un “engaño”.
Pero pongamos un ejemplo que seguramente todos conozcamos: una pareja “casada” donde uno de ellos tiene un amante… Debido a que, según dicen los estadísticos, la mayoría de los adúlteros son hombres, ciñámonos a ese caso para exponer de forma más simple esta idea. La mujer casada, siempre hablará de su marido como “suyo” y dudo mucho que le haga ninguna gracia saber que se acuesta con otra. Pero… ¿y la otra??? Ella sabe que su amante no puede entregarle mucho más de lo que le da y además sabe que él se acuesta con su mujer, y además, siempre le quedará la duda de que si él es infiel con su mujer, también puede serlo con ella… Y aún así, aunque no le guste, ella consiente que su amante haga la vida que desee sintiéndose conforme con el poco o mucho tiempo que él le dedica (insisto, aunque no le guste, lo acepta por lo general)
Y qué es el amor??? No sabría definirlo, ciertamente y es más, supongo que como la mayoría de los sentimientos, cada persona lo vive de una manera diferente, e incluso en cada etapa de la vida, cada uno puede sentirlo de forma diferente… No es igual ese amor de la adolescencia, donde las hormonas rigen casi todo y los sueños se encargan de expandir un horizonte ilimitado, a ese otro amor maduro donde lo único que se desea es compartir un extraño mundo interior que ni siempre es comprendido por uno mismo
Pero volvamos a nuestra pareja y su amante… ¿por qué él es infiel a su pareja??? ¿está enamorado de su mujer??? Quiero suponer que no (siempre salvo excepciones, claro está). Sin embargo , es posible que el matrimonio se rompa al conocer la esposa el engaño, aunque ella supiese que su marido ya no la amaba… Sí… me resulta curioso que en ocasiones no se valore el amor, pero sí el engaño… Vemos, cada vez con más frecuencia mujeres que son maltratadas de forma física o psicológica por sus parejas, y ellas perdonan una y otra vez sabiendo que su integridad, e incluso su vida en sí, puede peligrar en un momento dado… es más, en alguna ocasión recuerdo que una mujer afirmaba que su marido le pegaba “lo normal”… y sin embargo, una infidelidad suele ser el detonante de una ruptura de la pareja con muy pocas posibilidades de reconciliación… que curioso, hay gente que piensa que si su pareja no es algo celosa, no sienten el amor que ellos desean…
Me pregunto si lo que necesitamos, más que sentir el amor de nuestra pareja, es sentir que nos pertenece y mientras, podemos entender y de echo consentimos, que tenga algunos amigos, pero no consentimos que comparta su sexo con nadie más… ¿no resulta chocante que demos más importancia a que nuestra pareja tenga sexo con una persona a que pueda desnudar su alma con un extraño??? ¿qué es lo que, entonces, valoramos del amor??? Acaso le damos más importancia al sexo que a los sentimientos ocultos de los que el amor debe nutrirse???
Sí…, me resulta curioso la cantidad de parejas que día tras día, viven sin ese amor que hace años caducó, amoldados y aclimatados a una cómoda rutina donde los cónyuges se han convertido en desconocidos, o mejor dicho, en compartidores de una vivienda y algo de tiempo libre, donde sus vidas se han encerrado bajo las rejas del tedio y la apatía y que en la mayoría de las ocasiones ambos sueñan en secreto con encontrar el momento propicio para salir de aquella prisión que su pareja y en gran medida, también la sociedad, les ha encerrado, y sin embargo… una aventura, del otro, sería la maravillosa excusa para poder poner fin a un agónico presente del que tememos salir para afrontar, en solitario, un incierto futuro… Tal vez sea bueno culpar a alguien que no seamos nosotros mismos, cuando el amor ya se ha acabado y no vernos reflejados en las causas que han provocado aquel adulterio… Pero así lo hemos dispuesto desde siempre… ¿no???
El tiempo y las circunstancias, me han obligado a retrasar mis respuestas sobre algunos comentarios que se hicieron a mi anterior entrada “rejas” que ahora pretendo subsanar, distribuyéndolo en dos conceptos básicos. Uno la libertad, aquí comentada y otro el amor, que será comentada siguientemente.
Creo que hay una frase que todos conocemos y que reflejado Luna Azul: “mi libertad termina donde comienza la de los demás”.
Partiendo de esa afirmación, está claro que deberíamos saber cual es ese punto de referencia, esa frontera que limita nuestras libertades, y dado que las limitan, también la constriñen… Ignoro, sinceramente, si la libertad es tan sólo una utopía, o tal vez, siendo esa realidad, no es lo que nosotros pensamos… Para muchos, la libertad es hacer un poco lo que nos dé la gana, pero por otro lado, estamos condicionados a nuestra propia sociedad… Si yo fuese una persona que pensase que la libertad es hacer lo que quiero, tal vez desease una cita con alguna hermosa mujer, pero claro está, eso podría convertir en esclava a la otra persona, al tener que hacer algo que no desea…
Pero en otro aspecto más íntimo de la palabra, y tal y como lo define el diccionario, la libertad es la facultad natural que tienen las personas de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que son responsables de sus actos.
Por lo tanto, si somos libres de obrar o de no obrar, hemos de tomar decisiones y eso, siempre nos obligará a poner y quitar rejas en nuestra vida, a ir por un camino y no por otro, a saber aceptar un no para nuestros deseos y a saber decir que sí a los deseos, derechos, de los demás cuando sea necesario… la sociedad, nuevamente la sociedad, será quien ponga lo límites, a nuestra libertad y a pesar de que no seamos libres en su totalidad, tendremos siempre la oportunidad de mostrar nuestra conformidad o no a lo que tengamos, aunque sea al otro lado de la reja… aunque eso, claro está no nos permita arrancar la reja
A nadie le asombra, hoy en día, el ver como todas las propiedades se protegen bajo enrejados más o menos labrados… Vemos rejas en las ventanas de las casas, en los escaparates de los comercios, en las puertas de los monumentos… e incluso, bajo el nombre de vallas, vemos una similitud a las rejas en el mismo campo, o por si eso no fuese suficiente, todos tenemos presente el enrejado de hormigón que se levantó para separar Alemania tras la segunda guerra mundial, o el que hoy en día sigue construyendo Israel en tierras palestinas…
Quiero suponer que desde hace ya mucho tiempo, el sentido de la propiedad ha sido un importante condicionante de la raza humana, y es por ello que siempre hemos procurado que lo que es nuestro, ha de seguir en nuestro poder… Grandes personajes, hicieron grandes obras que hoy se atesoran bajo enrejados, sean del clásico metal o los más modernos sistemas tecnológicos…
Por otro lado, todos tenemos ese espíritu altruista y desinteresado donde, de forma inexplicable, buscamos el bien común y social, y cada vez hay más gente involucrada en proyectos sociales encaminados a mejorar nuestra sociedad… pero no por ello dejamos de mantener nuestras rejas… por que no es lo mismo ser altruista que incauto…
Nos gusta mantener nuestra propiedad… pero… ¿qué es lo nuestro??? Es fácil definir la propiedad en cosas materiales… mi casa, mi coche, mi bocadillo de chorizo… sí, todo eso es fácil, ya que hemos intercambiado algo que es nuestro, generalmente dinero, por algo que no teníamos y por lo tanto, es nuestro… y de nadie más… También hay otras propiedades más complejas de regular… las patentes, o lo que viene a ser lo mismo, las ideas que permiten avanzar al mundo… motores más potentes, sistemas de calefacción, o incluso esta simpleza de internet que permite que yo te escriba y tú me leas, sin que ninguno de los dos sepamos quien es el otro… o esa otra propiedad que la mayoría nos hemos saltado alguna vez al descargar música o alguna película sin autorización del autor… o la que nos permite disfrutar de cuadros en los museos, o de lecturas más o menos interesantes…
Pero también hay otra propiedad mucho más compleja que no logramos entender… MIS hijos, MIS amigos, MI pareja, MI familia… seguimos hablando de propiedad cuando nos referimos a las personas… No, no es que las hayamos comprado, si no que tal vez utilizamos ese posesivo precisamente por que para nosotros son demasiado especiales y tal vez así lo relacionamos de forma especial con lo que sentimos hacia ellos… MI mundo en definitiva… pero también es cierto que no nos gusta perderlo y de alguna manera, ponemos rejas para que no nos los quiten… o tal vez para impedir que lo que es “nuestro” pueda dejar de serlo, manteniéndolo encerrado
Hace pocos días hablaba con alguien y me decía que se había enamorado de la persona equivocada… ¿equivocada??? Supongo que todos hemos oído las historias de amores no correspondidos, y también imagino que a nadie le asombra escuchar la frase de enamorarse de la persona equivocada, pero… ¿cómo puede ser posible???
Y es justo aquí donde el mundo de los sentimientos se enfrenta con el enrejado de la sociedad que hemos construido… Últimamente he leído más de lo necesario sobre esas parejas donde uno de los cónyuges es infiel al otro y la pareja termina rota… Pero este caso es diferente, es el opuesto… donde una persona se enamora de otra “ocupada” y en este caso, el sentimiento cambia… mientras que una pareja consolidada suele “enrejar” a su pareja para que se mantenga siendo de su propiedad exclusiva, en el otro caso, esa persona se conforma con algunos breves momentos de compartir algo de tiempo… no quiere decir que sea sexo, no tiene por qué… el amor puede sentirse en silencio, en la intimidad, en la sombra del desconocimiento del otro y de forma callada disfrutar de cada una de las palabras que el amado, no el amante, regala de forma involuntaria pero amable y cariñosa…
Dicen que es mejor amar y perder que nunca haber amado, o que en el amor todo vale, o que… qué importa… todos elogiamos el amor pero la mayoría lo sometemos a normas… Dejaremos lo del pájaro enjaulado para otro día ¿no???
Ignoro cuantos años tenía, pero era evidente que ya había pasado ampliamente de los 70 aunque no creo que llegase a 80. Vestía con algo de dejadez y se cubría des viejos vestidos con un ajado abrigo descolorido, sin embargo mostraba aún un signo de una permanente coquetería al lucir un viejo sombrero de fieltro que aún mantenía el signo de haber portado, posiblemente, algunas flores.
Desde el otro lado del Paseo de la Castellana, esperando en el semáforo para cruzar, me fijé por casualidad en ella, que discutía acaloradamente con algunos viandantes, hasta que el semáforo detuvo el fluir de vehículos que incansables acudían de todos los lugares para dirigirse a infinidad de lugares, y aparentemente, todos pasaban por ahí.
Mientras algunos viandantes aún seguían discutiendo con aquella mujer, la mayoría comenzó a cruzar de forma apresurada para llegar al otro lado antes de que de nuevo, el fluir de vehículos convirtiese en multicolor riada el frío asfalto… pero aquella mujer, comenzó a cruzar con su propio criterio y mientras los vehículos estaban detenidos, ella comenzó a zigzaguear entre ellos mezclándose en ese extraño y ordenado caos circulatorio que rige en las grandes ciudades.
Finalmente, el flujo de peatones cesó y los primeros automóviles, ansiosos por recuperar un tiempo perdido, se pusieron en marcha dejando atrás todo cuanto podían… la mujer, mientras, seguía su particular y peligroso paseo entre los autos que poco a poco iban comenzando a moverse justo a su lado…
Algunos nos quedamos expectantes sabedores del riesgo y el peligro sin saber muy bien que hacer, esperanzados de que la terca mujer llegase a la mediana y esperase a que el semáforo le concediese nuevamente el tiempo necesario para llegar a la otra orilla… Finalmente, ella logró alcanzar la mediana, no sin las quejas y pitidos de varios automóviles que veían como su tiempo de espera se prolongaba más de lo debido.
Aquel espectáculo parecía que había cesado y poco a poco la normalidad se extendió por las aceras repletas de peatones hasta que un brusco frenazo nos hizo nuevamente volver la cabeza, alcanzando a ver como la mujer salía volando delante de un coche cuyas ruedas aún humeaban… no llegué a escuchar golpe alguno… no lo recuerdo al menos… su otrora elegante sombrero dejó al descubierto unos desaliñados cabellos que se movían, como ella, sin control ninguno hasta que un seco golpe contra el pavimento, detuvo, definitivamente su vuelo.
El flujo de automóviles que no se detenía inmerso en la prisa, se detuvo y se sumergió en la curiosidad de lo mórbido, mientras que los ocupantes del vehículo que la atropelló salían livianos y sin control con la, que imagino, esperanza de que no hubiese pasado nada irreparable… En pocos segundos un pequeño corro de gente ocultó a mi vista y sabiéndome impotente para hacer nada ya, me alejé con la imagen de aquella mujer yaciendo en el frío y húmedo pavimento de la mañana.
Apenas quince minutos más tarde, volví a desandar lo andado y el tráfico ya fluía más ligero… los agentes impedían las detenciones morbosas obligando a los conductores a seguir su marcha, pero allí, en el asfalto aún seguía tendido el cuerpo al lado de una ambulancia con todas sus luces encendidas… Terminé de cruzar y me acerqué al amplio corro de gente que curioseaba desde la orilla y allí continuaba su sombrero, roto y aplastado por el tráfico… justo antes de que los servicios sanitarios cubriesen el cuerpo totalmente con una capa de algo similar al aluminio brillante… había muerto.
Volví a abandonar el corro de curiosos y me dirigí nuevamente a mi oficina, pero no podía dejar de pensar en esa mujer y el por qué de su muerte… No fue un suicidio… un accidente, sin duda alguna… una negligencia jugada por una mente aniñada… un desconocimiento de las normas… una simple indisciplina… una, tal vez, insumision a una represión… sea como fuere, lo pagó con su vida, o tal vez, fue justamente eso lo que puso, por fin, un glorioso final a una triste vida.
Supongo que la mayoría conoce las grandes civilizaciones antiguas y también algo de las andanzas de Genghis Khan, Napoleon, Alejandro Magno y otros más que, sin saber muy bien cómo, se hicieron con vastos imperios, convirtiéndose casi en los amos del mundo de su época…
De alguna manera, también yo llegué a pensar que podría conquistar mi propio mundo, fundar mi particular imperio, pero, hoy, me siento demasiado cansado de guerrear en batallas perdidas de antemano… No se puede luchar contra el mundo cuando el mundo es tan grande que no se puede abarcar con los dos brazos extendidos…
Hoy, demasiado cansado en todos los amplios términos de la palabra, me conformo con encontrar un pequeño lugar donde reposar, una persona con la que conversar y un café que se pueda compartir… Hoy, tras leer innumerables historias que hablan de bondad, de humanidad, de compasión, y de amor, sé que he aprendido la teoría, pero no sé cómo aplicarla en la práctica…
Fuera del círculo de amigos, todos esos valores dejan de tener sentido y esa sociedad que nos empeñamos en defender y a la que pertenecemos aún sin quererlo, sigue devorando a los débiles en beneficio de los más fuertes… hoy sólo aspiro a mantener lo poco que he logrado, y no perderlo… esa es mi batalla diaria.
Quedaron guardados los sueños, las ilusiones, las esperanzas… y surgen por doquier los problemas, las preocupaciones, la impotencia de que mi mundo no ha sido nunca mío, si no de la sociedad que, como si fuésemos animales enjaulados en el zoo, y que de vez en cuando, tal vez para su diversión, nos arroja un puñado de cacahuetes…
El camino de la vida nos sorprende con incalculables recodos y cada decisión que tomamos de seguir o girar, cambia nuestro propio destino que sin saber cuál es, vamos construyendo lentamente sin tener opción a rectificar, por que el tiempo, es de las pocas cosas que nunca se puede recuperar…
Hoy, tan sólo estoy cansado… no he renunciado a mi imperio, ya que me conformo con la pequeña parcela de universo que me ha correspondido… ese es todo mi mundo.
El zorro permanecía inmóvil junto al límite del bosque, confundiéndose con la vegetación que de forma tan contundente separaba la meseta del bosque... el amanecer esta próximo y él lo sabe, estando al acecho, presto para conseguir su presa...
El orto marcó el inicio del amanecer y todo el valle se va decolorando del negro a un infinito mosaico multicolor que bailaba de forma suave y constante al son del silencioso y fresco viento del amanecer... Los ojos del zorro, inmóviles en apariencia, escudriñaban todos y cada uno de los rincones a que tenían acceso, esperando encontrar una presa...
Un movimiento no concordante con el resto, pone al zorro en aviso y su atención se centra en unos pequeños tallos que se mueven sin ese ritmo pausado del viento... afina el olfato y el oído y termina descubriendo que un descuidado conejo salió de su madriguera para disfrutar del día y posiblemente con la intención de darse un atracón de vegetales...
Con movimientos apenas imperceptibles, el zorro comenzó a buscar la más idónea posición de ataque, mientras que conejo, ajeno a lo que sucedía en la linde del valle, disfrutaba de su fresco desayuno
Unos interminables momentos y el zorro decide que es el mejor momento para atacar... arranca una frenética carrera y el suave ulular del viento es anulado con el casi imperceptible crujir de la vegetación bajo las blandas almohadillas de sus patas bordeadas de afiladas uñas... El conejo, alertado por el tenue cambio de sonido, tarda unas décimas de segundo en reaccionar y emprende, sin rumbo seguro, una carrera en busca de un refugio, sabedor del peligro que corre.
El conejo intuye al zorro muy cerca y hace un quiebro inesperado... en ese, ve el cuerpo del cánido que se mueve a pocos centímetros de él... la inercia del animal, más pesado, le aleja durante unos imperceptibles instantes, pero sus patas, más largas y fuertes, nuevamente le ponen a unos escasos centímetros del conejo que, nuevamente, hace un quiebro sabiendo que sólo el cansancio o un error de su persecutor, será su salvación...
Durante unos cuantos segundos, interminables para los protagonistas, la carrera se convierte en rápidos movimientos de engaños que el conejo realiza intentando despistar al zorro sin conseguirlo... el conejo, con los primeros síntomas de cansancio realiza otro brusco quiebro pero esta vez, el cánido ha adivinado sus movimientos, y el conejo se encuentra, aún sin saberlo, entre las fauces del zorro que sin dudar un instante, cierra con fuerza segándole la vida a su presa...
El tiempo es lo único que nos arranca la vida… aunque nunca perdamos el tiempo, es muy fácil malgastarlo
Hace muy pocos días, me enteré que Vicente Ferrer estaba gravemente enfermo. Vicente Ferrer es una persona que ha entregado su vida al bien de los demás, renunciando a cientos de cosas que nosotros consideramos imprescindibles, pero que en más de una ocasión, nos hacen infelices por diversas causas…
Siempre he admirado a quienes, en lugar de perseguir un sueño, se enfrentan a la realidad para conseguirlo…
Hoy he recibido un correo con un video que me sorprendido sobre Nick Vujicic (En You Tube sólo he encontrado la versión en inglés, pero espero que os hagáis una idea, y si no, he puesto una traducción personal por si ayuda) donde este hombre, que nació sin brazos ni piernas, se tira al suelo intentándolo una y otra vez, por que mientras lo intentas, estás vivo (por cierto, muchas gracias Isa)
Tal vez haya muchas más personas que con sus humanas limitaciones, sean capaces de cumplir sus sueños…
Hace pocos días, curiosamente, comentaba con alguien sobre el cambio de la vida… Alguien se enamora de otro alguien… pero ese otro alguien es de otro país, de otra cultura, de otra lengua, de otra forma de pensar… pero estamos profundamente enamorados… y… ¿qué hacemos??? ¿abandonamos todo por irnos con el amor de nuestra vida o por el contrario comenzamos a sopesar lo bueno, lo malo, lo regular, los pros, los contras???
Tal vez sería bueno que en lugar de esperar a que nos lleguen las cosas, fuésemos a por ellas nosotros mismos…
Todos conocemos las teorías para un mundo mejor, y lo que es más curioso, todos conocemos lo que deseamos para ser felices… y me pregunto, por qué seguimos persiguiendo un sueño cuando podríamos hacerlo realidad???
Esta entrada, no habla de limitaciones físicas, si no de las limitaciones que nosotros mismos, muchas veces nos ponemos confiando en que alguien vendrá a quitárnoslas…
La traducción básica del video, a partir del momento en que se tira, sería la siguiente: “Debería ser sencillo levantarse, pues todo el mundo sabe levantarse. Pero a veces, en la vida, cuando te caes o ya no tienes fuerza para seguir, se puede perder la esperanza. Yo estoy aquín en el suelo sin brazos ni piernas y no debería poder levantarme. Pero no es imposible y voy a intentarlo 100 veces, y si no lo consigue lo intentaré otra vez, y otra, y otra más… Esto no es el fin, y lo que realmente importa es como vais a acabar. Tendreis la fuerza para levantaros??? Puede hacerse… así.”
Siempre encontramos a personas que nos pueden enseñar lo que sabemos.
La ciudad comienza, perezosamente, a despertar y sus ciudadanos aprovechan los últimos segundos de la noche para disfrutar de la cama lo más que pueden… Las prisas se apoderan de todos y las calles se van llenando de personas y vehículos que nada más comenzar el día, ya llegan tarde… prisas y carreras no son indiferentes en el metro y mientras los trenes hacen su recorrido con la conocida parsimonia, la gente se mueve entre los pasajeros intentando alcanzar la puerta que más cerca les dejará de su salida…
El tren se detiene y las puertas se abren… los que están dentro luchan por salir, sorteando a los que se quedan en el interior. Los de fuera pugnan por entrar cuanto antes para conseguir aquel asiento que nadie ha visto… empujones en las puertas recién abiertas… discusiones…
Los primeros pasos en el andén se transforman en carreras en algunos casos, y en los vomitorios se aglutinan cientos de personas que esperan sin mucha paciencia, un hueco en las escaleras mecánicas… nuevamente empujones, alguna discusión, y excepcionalmente, algún que otro golpe… Por fin, nuestros pies se aposentan en el metálico escalón que nos eleva al siguiente nivel sin mayor interés… Algo ocurre arriba… gritos… movimiento de gente… caídas… alguien cae y el efecto dominó hace caer a varias más… más gritos… las escaleras siguen su monótono movimiento de ascenso… Alguien grita de arriba que no suban por las escaleras mecánicas… La prisa ha dejado de existir y las cabezas se estiran todo lo que pueden para intentar ver qué ocurre…
Llegamos al descansillo y un hombre está tumbado en el suelo… a su lado un pequeño charco de sangre… las escaleras no se han detenido y la gente sigue subiendo… deben saltar sobre él para no pisarlo… seguro que alguien ya ha puesto sus pies sobre el cuerpo inerte… Se forma un corrillo… sólo una persona está con él, intentando que no lo pisen… dos personas más sentadas en el suelo, no muy lejos… un gran círculo de personas se va formando alrededor sin hacer otra cosa que comentar y mirar con esa morbosidad innata que es lo que ha pasado…
Las escaleras se detienen y los empleados llegan… los vigilantes los siguen e intentan poner orden despejando el círculo de curiosos… la gente comienza a moverse lentamente y muy pocos son los que se quedan mirando… comentarios entre desconocidos… consejos que ya de nada sirven… quejas calladas y protestas silenciosas… Miro atrás… el hombre sigue inmóvil y el charco de sangre se ha hecho mayor… los empleados del metro hablan por las radios… impiden bajar por las otras escaleras… cambiarán el sentido seguramente… los vigilantes intentan dar algo de intimidad a aquella persona y las otras personas, aún sentadas, son acompañadas… un accidente…
Lentamente, el mundo retoma su camino… en todas las cabezas está la imagen del herido, tumbado inconsciente, sangrando…
Recuerdo que siendo niño ponía una serie de condicionantes a sucesos fortuitos, confiando en que su acierto o no, sirviese para confirmarme si aquello que deseaba podría resultar factible, del tipo “Si el próximo coche que pase es rojo, pasaré el examen de mates”. Ni que decir tiene que pasaban coches de todos los colores menos el rojo y gracias a ello tenía que estudiar, aunque no siempre eso garantizaba el éxito en el examen.
Con el paso del tiempo, me he dado cuenta de que aún hoy en día, muchas personas necesitan confiar en ese condicionante para conocer lo que el futuro le depara, y acuden a echadores de carta, quirománticos, magos y chamanes de todo tipo con el esperanza de que ese futuro incierto se adapte a sus deseos, cambiando el tenue equilibrio del universo para que se adapte a sus necesidades.
Pero aún así, hay quienes siendo más modestos, sólo pretenden cambiar el destino de una persona y sin ser conscientes en la mayoría de las ocasiones, siguen acudiendo a esos condicionantes con el fin de asegurarse el paso a seguir y que este no sea un error… y de esta guisa, solemos decir con más frecuencia de la que deberíamos “Si me quieres, haz esto o aquello” , o ese jefe que nos recuerda “Si sabes lo que te conviene, haz esto o aquello” o incluso a nuestros propios hijos “Si estudias, te doy esto o aquello”…
Tal vez sea una forma de apostar contra el destino, que sin ser rígido, si es siempre desconocido y algunas veces nos niega nuestros propios deseos, y es ahí cuando intentamos burlarle con esos condicionantes, como si pudiésemos romper ese equilibrio no escrito, pero que se está escribiendo a cada instante… “si pasa un coche rojo, volverá a enamorarse de mí”
En la misión del “Apolo 13”, el astronauta Jack Swigert, dijo la ya famosa frase: “Houston, tenemos un problema”. Desde ese momento, un amplio dispositivo humano y material se puso a trabajar para resolverlo…
Hoy, he ido a mi banco y les he dicho lo mismo: “D. Julián, tengo un problema”. Su respuesta ha sido tajante: “Espero que no afecte a sus obligaciones de pago”…. ¿Y qué otro problema puedo tener para acudir a un banco???
Mario despertó un día y se puso a reflexionar donde estaban aquellas mariposas que antaño revoloteaban por su estómago cada vez que sentía cerca a María… Poco a poco, aquel ejército de mariposas habían ido escapándose por los poros de la rutina y los ensueños que provocaban los encuentros, para asentarse en una rutina inesperada…
Los problemas económicos habían absorbido a aquellas noches de romanticismo contando estrellas al aroma de una copa de vino… El tiempo dedicado al trabajo se tornó insuficiente para seguir con esos largos paseos huecos de palabras pero repletos de amor… y sin saber cómo, a esa pareja de constante felicidad y pasión se le anexaron hijos, hermanos, progenitores y amigos…
Quien no conoce el cuento de "El patito feo" que presa de las burlas de quienes estaban cerca de él, terminó siendo un hermoso y envidiado cisne??? Curiosamente, el patito feo es victima de la sociedad que le exige una imagen que, evidentemente, no ha conseguido... y la su venganza es, como en todo cuento que se precie, conseguir dar envidia a quienes se burlaron de él y en un silencio de autosuficiencia y mirada vengativa, forjar dentro de su ser una vengativa sonrisa mientras en su cerebro resuena "ahora os jodeis"
La vida real es así, pero sólo en la primera parte... miles de "patitos feos" por una u otra causa, son objetivo de las burlas, de una sociedad que insiste una y otra vez en negarnos esa equidad que parece que no logramos obtener...
Mario y María pensaron tiempo atrás que su vida sería maravillosa y perfecta y así comenzaron a caminar hacia un destino idealizado… Hoy, Mario, despedido de su trabajo de siempre, ha encontrado empleo en un bar que le ha permitido, al menos de momento, esquivar el paro, pese a que seguía agobiado por una hipoteca que amenaza con privarle de su vivienda que tanto esfuerzo le ha costado… A María le han cambiado la jornada y además han alejado su empresa del centro, donde estaba muy bien comunicado y ahora el poco tiempo que tiene libre lo dedica a leer libros entre el metro y los autobuses, o mientras toma algo en su largo rato de descanso para almorzar, insuficiente en cualquier caso para poder acercarse a casa…
Mario miró a María y sonrió en silencio… le dio un beso y miró con tristeza y nostalgia como se cerraba la puerta tras de si… sin saber cómo, tomó conciencia de que ahora estaba compartiendo su vida con la sombra de quien fue el gran amor de su vida y que apenas mantienen nada en común…
Las mariposas de su estómago habían muerto definitivamente…
Seguramente, dentro de esas tradiciones de lo que se ha dado en llamar “la España profunda”, existe una peculiar en Madrid, donde cada viernes, y sobre todo, el primer viernes de marzo, católicos creyentes y seguramente practicantes, se acercan hasta el famoso Cristo de Medinaceli, en su basílica no muy lejos del Congreso de los Diputados.
Una fila, casi eterna, de personas no muy jóvenes ya, se pasan largas horas y es una expresión literal, bajo una climatología que suele ser caprichosa y no siempre benevolente, y que llegan con una inmensa devoción a besar los pies de la figura.
Cuenta la tradición que hay que pedir tres deseos para que al menos uno se cumpla... pero curiosamente, la mayoría de aquellas personas no van por ellas, si no que sus peticiones se apoyan la mayoría de las veces, en los demás… salud para su hijos, trabajo para su pareja… y tal vez, alguno de ellos, acudan sólo para agradecer algún favor concedido…
Esta tradición, aparada en la fe católica, a pesar de que se ha cebado en el culto a una figura concreta, no debe sorprender a quienes profesan cualquier tipo de religión ya que con independencia del dios en el que se crea, en todas ellas hay rituales variopintos que bien para contentar a ese dios, bien para pedirle favores, o bien para agradecérselos, la gran mayoría conocemos celebraciones que a pesar de que no entendamos, solemos respetar (o al menos, así debería ser)
Todo esto, viene a cuento de que no hace muchos días, comentaba con alguien sobre una serie de TV que llegué a ver hace ya años: “Kung Fu”, interpretada por un casi desconocido David Carradine. Aquella serie, me descubrió que los valores éticos y morales, no se basaban en una religión concreta, si no en la convicción de los valores que nos aporta… Dicen que la fe mueve montañas, y que todos nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena…
Todo esto viene a cuento por que hoy en día no sé si estamos perdiendo los valores éticos que una sociedad aconfesional se empeña en mantener al margen de la propia ley… Ignoro si los valores que podemos dar a nuestros jóvenes sobre la violencia, son aquellos que nosotros teníamos antaño, basados, también es cierto en algo de miedo, al castigo físico cuando éramos más pequeños o con el infierno cuando éramos mayores…
No sé muy bien que valores puede tener un joven que al discutir con su madre, esta le da un bofetón y por ese acto, ha de estar unos días en la cárcel… ignoro qué valores pueden adquirir nuestros jóvenes que se relajan en sus estudios, hacen novillos, cometen pequeños hurtos para mantener sus cada día más amplias necesidades y son los padres quienes han de responder a la justicia por que ellos son menores de edad
Reconozco que me he criado rodeado y educado en una fe que ahora tal vez no me convence, y no he sido ni ortodoxo ni practicante, ni tampoco he aceptado las normas dividas impuestas por los hombres, pero las bases de esa creencia, me ha dejado unos pilares morales que han ido forjando mis valores básicos de lo que yo entiendo como valores mínimos que permiten distinguir lo que está bien y lo que está mal, y a pesar de que no coincidamos en algunos límites de lo es ello, creo que los valores básicos de la convivencia, el respeto y la igualdad, están ahí, aún escondidos…
Para nada es excepcional el colocar este relato (genial desde mi parecer) de Poe, y más este año que se celebra el 200 aniversario de su nacimiento por lo que sus relatos se han copiado hasta la saciedad… pero no solemos divulgar (tal vez por desconocimiento) lo excepcional, si no sólo aquello que consideramos importante o bello… así pues, este relato lo he considerado idóneo para acompañar al video del encabezado, a pesar de que este, es sólo un mero complemento…
Edgar Allan Poe (Boston, 1809 - Baltimore, 1849)
EL CUERVO
Una vez, al filo de una lúgubre media noche, mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido, inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia, cabeceando, casi dormido, oyóse de súbito un leve golpe, como si suavemente tocaran, tocaran a la puerta de mi cuarto. “Es —dije musitando— un visitante tocando quedo a la puerta de mi cuarto. Eso es todo, y nada más.”
¡Ah! aquel lúcido recuerdo de un gélido diciembre; espectros de brasas moribundas reflejadas en el suelo; angustia del deseo del nuevo día; en vano encareciendo a mis libros dieran tregua a mi dolor. Dolor por la pérdida de Leonora, la única, virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada. Aquí ya sin nombre, para siempre.
Y el crujir triste, vago, escalofriante de la seda de las cortinas rojas llenábame de fantásticos terrores jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie, acallando el latido de mi corazón, vuelvo a repetir: “Es un visitante a la puerta de mi cuarto queriendo entrar. Algún visitante que a deshora a mi cuarto quiere entrar. Eso es todo, y nada más.”
Ahora, mi ánimo cobraba bríos, y ya sin titubeos: “Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón imploro, mas el caso es que, adormilado cuando vinisteis a tocar quedamente, tan quedo vinisteis a llamar, a llamar a la puerta de mi cuarto, que apenas pude creer que os oía.” Y entonces abrí de par en par la puerta: Oscuridad, y nada más.
Escrutando hondo en aquella negrura permanecí largo rato, atónito, temeroso, dudando, soñando sueños que ningún mortal se haya atrevido jamás a soñar. Mas en el silencio insondable la quietud callaba, y la única palabra ahí proferida era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?” Lo pronuncié en un susurro, y el eco lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!” Apenas esto fue, y nada más.
Vuelto a mi cuarto, mi alma toda, toda mi alma abrasándose dentro de mí, no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza. “Ciertamente —me dije—, ciertamente algo sucede en la reja de mi ventana. Dejad, pues, que vea lo que sucede allí, y así penetrar pueda en el misterio. Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio, y así penetrar pueda en el misterio.” ¡Es el viento, y nada más!
De un golpe abrí la puerta, y con suave batir de alas, entró un majestuoso cuervo de los santos días idos. Sin asomos de reverencia, ni un instante quedo; y con aires de gran señor o de gran dama fue a posarse en el busto de Palas, sobre el dintel de mi puerta. Posado, inmóvil, y nada más.
Entonces, este pájaro de ébano cambió mis tristes fantasías en una sonrisa con el grave y severo decoro del aspecto de que se revestía. “Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—, no serás un cobarde, hórrido cuervo vetusto y amenazador. Evadido de la ribera nocturna. ¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!” Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado pudiera hablar tan claramente; aunque poco significaba su respuesta. Poco pertinente era. Pues no podemos sino concordar en que ningún ser humano ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro posado sobre el dintel de su puerta, pájaro o bestia, posado en el busto esculpido de Palas en el dintel de su puerta con semejante nombre: “Nunca más.”
Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto. las palabras pronunció, como virtiendo su alma sólo en esas palabras. Nada más dijo entonces; no movió ni una pluma. Y entonces yo me dije, apenas murmurando: “Otros amigos se han ido antes; mañana él también me dejará, como me abandonaron mis esperanzas.” Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”
Sobrecogido al romper el silencio tan idóneas palabras, “sin duda —pensé—, sin duda lo que dice es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido de un amo infortunado a quien desastre impío persiguió, acosó sin dar tregua hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido, hasta que las endechas de su esperanza llevaron sólo esa carga melancólica de ‘Nunca, nunca más’.”
Mas el Cuervo arrancó todavía de mis tristes fantasías una sonrisa; acerqué un mullido asiento frente al pájaro, el busto y la puerta; y entonces, hundiéndome en el terciopelo, empecé a enlazar una fantasía con otra, pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño, lo que este torvo, desgarbado, hórrido, flaco y ominoso pájaro de antaño quería decir granzando: “Nunca más.”
En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra, frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos, quemaban hasta el fondo de mi pecho. Esto y más, sentado, adivinaba, con la cabeza reclinada en el aterciopelado forro del cojín acariciado por la luz de la lámpara; en el forro de terciopelo violeta acariciado por la luz de la lámpara ¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!
Entonces me pareció que el aire se tornaba más denso, perfumado por invisible incensario mecido por serafines cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado. “¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido, por estos ángeles te ha otorgado una tregua, tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora! ¡Apura, oh, apura este dulce nepente y olvida a tu ausente Leonora!” Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio enviado por el Tentador, o arrojado por la tempestad a este refugio desolado e impávido, a esta desértica tierra encantada, a este hogar hechizado por el horror! Profeta, dime, en verdad te lo imploro, ¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad? ¡Dime, dime, te imploro!” Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio! ¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas, ese Dios que adoramos tú y yo, dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén tendrá en sus brazos a una santa doncella llamada por los ángeles Leonora, tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen llamada por los ángeles Leonora!” Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso. ¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica. No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira que profirió tu espíritu! Deja mi soledad intacta. Abandona el busto del dintel de mi puerta. Aparta tu pico de mi corazón y tu figura del dintel de mi puerta. Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo. Aún sigue posado, aún sigue posado en el pálido busto de Palas. en el dintel de la puerta de mi cuarto. Y sus ojos tienen la apariencia de los de un demonio que está soñando. Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama tiende en el suelo su sombra. Y mi alma, del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo, no podrá liberarse. ¡Nunca más!
El constante ulular del viento recorriendo las vacías calles de la ciudad, ahoga mis silenciosos gritos de dolor… la soledad, cruel verdugo de una cada vez más exigente sociedad, invade sin previo aviso la existenciavde los que, sin llegar a enteder muy bien el por qué, quedan excluidos del ámbito de la normalidad, y caducan ante modas y formas más actuales.
Mi alma, yaciente entre sombras de dudas y, lo reconozco, muchos miedos, busca con desesperación aquellos recuerdos que inflijan una y otra vez el acento en un final no deseado, sin dar una ínfima posibilidad de volver a ser feliz por un instante más… antes de que constante oscuridad de una perpetua noche se aposente para siembre en mi, casi sin sentido, existencia…
Quisiera, antes de pasar definitivamente a la inexistencia del olvido, volver a sentir, por una sola vez, su abrazo, su beso… por una sola noche, compartir su lecho… por unos minutos, ser su confidente… por un instante, ser quien fui… una sola vez más… sólo una vez más…
Todo lo que empieza ha de terminar… nada, ni la misma vida, es eterna… salvo mi espera, infructuosa y ya sin sentido…
Ella ha crecido, se ha hecho una mujer adulta… para qué quiere un osito de peluche como yo???
Las cuestiones de “Perogrullo”, son tan obvias que difícilmente hacemos reflexiones sobre ellas… Todos los días sale el sol y sabemos el por qué, pero eso no significa que cada día nos cuestionemos sobre la rotación de la tierra o sobre las leyes de gravitación… simplemente pasa para la mayoría de nosotros
En ese mismo sentido, algunas veces olvido que un escritor, un novelista más concretamente, es un dios creador de vida… no es alguien que cuente historias ficticias, si no que es un artista creador de vida, que confiere a sus personajes de unas cualidades, que los hacen ser como su creador quiere que sean y que viven, sufren y mueren como su creador quiere que vivan, sufran y mueran…
Imagino que la mayoría nos “metemos” en la piel de algún personaje cuando leemos una novela y sentimos sus experiencias como nuestras… pero algo hay que no podemos evitar y es la trama que el escritor ya ha decidido… no podemos si no seguir el guión que su creador ha decidido para ese personaje que ahora ocupa nuestra mente y que sentimos como nuestro…
El escritor, el “dios” de la pluma que ha creado esa vida, esa historia, esa vivencia, es quien nos convence para seguir y aceptar sus criterios sin tener otra opción, y al final de la novela, cuando todo ha terminado, podemos sentirnos aliviados, tristes o felices, según hayamos disfrutado con la lectura, pero… no hemos sido si no muñecos que hemos seguido la vida que por lo general un desconocido, ha escogido para nosotros…
Siempre me ha gustado la sinceridad, ya que como dicen, se puede llegar a cualquier parte con la verdad por delante.
Así, he estado presumiendo de mi carácter durante mucho tiempo y sobre todo con mis compañeros de trabajo, con los que me paso la mayor parte del tiempo, a los que increpaba para que fuesen sinceros en sus conversaciones conmigo.
Hace pocos días, Gonzalo, mi compañero de siempre, me dijo que estaba enamorado de mí.
Desde entonces, creo que no es tan bueno ser completamente sincero... Ahora, Gonzalo y yo no nos hablamos.
Algo que la mercadotecnia tiene claro, es que cualquier consumidor no se resiste al estímulo de la mágica palabra “gratis”. Quiero imaginar que la gran mayoría de nosotros, somos totalmente incapaces de pasar de largo cuando alguien nos ofrece algo completamente gratis, sea lo que sea… quiero imaginar un gran expositor de cajas, con un letrero: “Gratis. Coja una” y aún sin saber qué es lo que contiene o que utilidad vamos a darle, casi sin dudar cogeremos una, o dos, o incluso más, pese a los pocos días termine en la basura… y aún así, la próxima vez que nos suceda, volveremos a dejarnos seducir por la magia de la gratuidad y volveremos a coger una caja por que siguen siendo gratis.
Sin embargo, con el paso del tiempo, aquello que es gratuito, pero que a la vez se hace rutinario, pierde el interés y se convierte en algo tan asimilado que no le damos ninguna importancia…
En el escaparate de una sala de urgencias médicas, donde la confianza se deposita en las manos de los profesionales que allí están, hay algo que aún siendo totalmente gratuito, es lo más valorado por quienes esperan durante las largas horas de impotencia… la esperanza de que todo salga bien por enésima vez, que una sonrisa acompañe a las palabras y que un simple abrazo alivia el alma de los que están sanos…
Tal vez sea esta la más cercana expresión de la gratuidad que no se encuentra fácilmente, por que la hemos hecho tan insignificante o por el contrario, tan íntima, que ha perdido su gratuidad fuera de ese pequeño círculo de conocimos del que nos da, en ocasiones, miedo salir.
Qué extraño valor damos a las cosas, que no sabemos valorar de un beso, por que es, simplemente, gratis
Eluana Englaro, supongo que ya conocida por todos, ha pasado a la Historia, no por su vida, si no por su muerte.
Sin embargo, algo que debería ser natural –la muerte- se ha convertido en algo más que un diálogo entre detractores y partidarios de este tipo de prácticas. Por si alguien tiene curiosidad, diré que estoy a favor de no mantener por más tiempo del necesario, una agonía…. Pero el problema es: ¿Cuánto es el tiempo necesario??? . Entramos en divagaciones morales y éticas que cada cual podrá razonar a placer, en función de lo que estime conveniente.
No obstante, y a pesar de lo expuesto anteriormente, no sé si dado el caso, yo tuviese que firmar la orden de desconectar a un hijo o algún ser querido, si todas mis “lógicas” teorías, no se vendrían abajo por ese otro ilógico sentimiento del cariño y la mano que hoy está firme, siendo espectador con voto en este diálogo, se convierta en temblorosa y dubitativa.
Pero esto mismo podría debatirse sobre el aborto… y quisiera, en este caso, ceñirme a estos dos polos opuestos de la vida (nacimiento y muerte) donde, para bien o para mal, otras personas diferentes de las que lo van a sufrir, tomarán esa decisión. Quede claro pues, que no hablo del “suicidio asistido”, donde es eso… un suicidio y no una decisión ajena…
Todo esto viene dado por que a pesar de todo, no sé si el ser humano, tiene que tener la potestad (sea legal o no) de sesgar la vida de un semejante. Soy contrario a todo tipo de violencia y a pesar de que la desconexión de una persona de la máquina que la mantiene viva no es violento, también es cierto que una inyección letal a un condenado a muerte tampoco lo es, provocando en definitiva el mismo efecto…
En función de este último ejemplo, y basándome en el juramento hipocrático, un médico no debería hacer nada para acabar con la vida, pero basándose en la lógica del desarrollo humano, un médico no debería inmiscuirse en el proceder natural de la vida… y es que si un médico puede “modificar” la función natural del hombre, entonces ¿por qué razón no podemos usar herbicidas, raticidas y todo tipo de “bichicidas” para nuestro beneficio??? Si podemos cambiar el mundo a nuestro antojo, moldeándolo según nos convenga, ¿Qué nos hace pensar que podemos otorgar el beneplácito de la existencia a los hombres??? Tal vez llegue el día en que si la medicina avanza para prolongar nuestra vida, la sociedad nos marque un límite para no sobrepasar cierta edad… ¿por qué no??? Una verdadera dicotomía médica… nos hace longevos para luego ponernos un final con cita…
En cualquier caso, son las fuerzas vivas de la sociedad quienes, para evitarnos problemas (aunque sea de conciencia), se decantan por determinar cuando y donde se puede determinar que una persona ha de vivir o no en función de lo que se entiende que es mejor en un momento dado… pero de nuevo, la complejidad de considerar el todo como uno tal vez no es la más acertada… La mayoría de edad se establece a los 18 años y estoy seguro que todos conoceremos personas mayores que pensamos que siguen siendo niños, y otras personas, más jóvenes cuya personalidad y sensatez puede sorprendernos…
Siento todo el galimatías, pero no hay tiempo para mucho más… es un excelente pretexto para hablar de moral.
Leyendo una entrada de Verdadosa me vino a la cabeza la historia de Alejandro y Luis. Son hermanos gemelos y a pesar de que la lógica del parto le concedió a Alejandro ser privilegio de ser el mayor por sólo 3 minutos, fue límite suficiente para que naciese un día antes que Luis
Salvo por ese pequeño capricho del destino, ambos hermanos crecieron prácticamente en paralelo, y allí donde estaba uno también estaba el otro. Estudiaron juntos, salieron juntos y juntos conocieron a sus respectivas esposas, tanto así que las bodas se celebraron con un solo día de diferencia para que no se interfiriesen los protagonismos, casándose Alejandro un sábado y Luis el domingo.
Ambos consiguieron trabajo en la misma empresa y durante tiempo desempeñaron funciones muy similares, ganando lo mismo… Alejandro y Luis, eran más que gemelos, la misma vida en dos personas distintas.
Un día llegó a trabajar a su empresa Silvia. Silvia no era una mujer atractiva, si bien, su altura, su gracia y desparpajo y su, para algunos, provocativa forma de vestir, no le dejaban pasar desapercibida la mayoría de las ocasiones.
Alejandro fue quien más cerca estuvo de ella en el trabajo y por lo tanto, y por primera vez, sus sentimientos hacia Silvia fueron creciendo en una dirección distinta de la que crecían en su hermano... Poco a poco y sin saber por qué ni como, se fue enamorando de ella, pero dada su situación de hombre casado y comprometido no dijo nada a nadie manteniendo su vida cotidiana de la misma manera... Luis, sin embargo, durante una fiesta navideña, consumió más alcohol de que debería y sin saber muy bien cómo ni por qué, terminó en la cama con Silvia, o al menos eso le dijo ella, por que en realidad, él no recordaba nada…
Ignoro por qué extraña razón, hoy la cabeza me ha devuelto algunos de mis primeros recuerdos de mi infancia. Desde la borrosa visión de la casa donde nací y que abandoné con 3 años, hoy derruida para dar paso a mejores construcciones, hasta aquella otra casa donde estuve viviendo hasta cerca de los 10 años.
De esta segunda, tal vez lo más representativo era la mesa que había en lo que entonces, a los ojos de un niño, era todo enorme (hoy no lo es tanto). Una mesa ajada por el paso del tiempo y ennegrecida por el uso y el rudimentario barniz que pretendía mantenerla en mejor estado… Yo siempre creí que era una mesa mágica ya que durante las navidades, allí se establecía un tosco “Belén” de diversas figuras desproporcionadas, con musgo y cortezas siempre recién cogidas de los campos cercanos y de ríos hechos con el envoltorio plateado interior del interior de los paquetes de tabaco… aún así, tenía la magia de que día a día, los reyes magos se acercaban un poco más al portal donde reposaba, con la quietud y tranquilidad propia de quien conoce lo que ha de hacer, aquel “niño Jesús” de cara amable y aspecto sonrosado. El día de Reyes, al amanecer, ya estaban los magos en el portal y eso daba pie a que los regalos habían llegado…
Pero no sólo era aquello, si no que el resto del año, en los cajones de aquella mesa se guardaban extrañas herramientas y útiles que apenas conocía y cuya utilidad era todo un misterio… Todo ese mundo desconocido y enigmático, era algo más tentador, que un billete tirado en el suelo y desde luego mucho más peligroso, ya que por razones que entonces no entendía, tenía prohibido tocar nada de todo lo mágico que había allí…
El tiempo también acabó con aquella casa pero no con el extraño espíritu de la mesa, de las tardes de hacer los deberes en la cocina, al cobijo de toda la familia (creo que era el único lugar que no hacía demasiado frío) y con la inconfundible señora Francis de fondo, que suplía, en esa España de pobreza y aislamiento, a las amistades verdaderas donde se podían descargar pesadumbres, o en su defecto, a los psicólogos que hoy visitamos con frecuencia…
El pasado pasó, pero en cada uno de nosotros tenemos nuestros propios yacimientos históricos que son la base de lo que hoy somos…