
Se pueden repudiar los recuerdos, pero eso no nos garantiza el olvido
Es posible que ahora no sea el mejor momento, ni tampoco la mejor situación... incluso, tal vez, no sea este ni el lugar adecuado para hacerlo, pero hoy, hace seis años...
La vida es ese conjunto de sensaciones, buenas algunas, malas otras muchas y la mayoría tan mediocres que pasan desapercibidas para siempre... la vida es ese discurrir del tiempo que nos acerca a un irremediable final y que en la mayoría de las ocasiones, nos sentimos impasibles mientras nos acercamos a él... De vez en cuando, una extraña sensación dentro de nosotros nos dice que algo no es como siempre y entonces despertamos de ese letargo amuermado en el que la rutina nos sumerge... y por un breve instante de tiempo, estamos vivos... nos sentimos vivos, y podemos ser felices o sentirnos terriblemente desdichados... blanco y negro, día y noche, principio y fin...
Hoy, hace seis años ya... me sentí vivo, tal vez por primera vez... y a pesar del tiempo transcurrido, no puedo de dejar sentir un escalofrío cada vez que lo pienso... y es que aquel que habita en el corazón de una persona, lo hace para siempre... Tal vez por que no es lo mismo enamorar que estar enamorado.
Decía Neruda: “Es tan corto el amor, es tan largo el olvido”… No puedo estar más de acuerdo, pues cómo si fuese una maldición, el amor se torna con rapidez en polvo que se lleva el viento y queda sólo la sombra de un inmenso dolor que no consigue difuminarse nunca a pesar de que con el paso del tiempo, nos acostumbramos a él, a esa maldita soledad, a ese vacío que nunca se acaba de llenar, a esas noches de vela, a esos paseos en silencio, a tender una mano sin que nadie nos la recoja…
Pensaba hoy en los bólidos, en esas noches de Perseidas donde tras un breve momento de observación, es fácil ver como cruzan el cielo iluminando brevemente su entorno y ese corto instante, nos llena de satisfacción… sólo unos segundos… un momento de eternidad que hay que encapsular para poder disfrutar cuando sea necesario… También pensaba en esas personas que, día a día, comparten amaneceres, y miradas, y sonrisas, y que sólo hace falta hablar para ser escuchado, sólo hace falta tender la mano para encontrar otra, sólo hace falta decir una sola palabra para que la soledad no tenga cabida… Sí, reconozco que hoy sentí una terrible añoranza del tiempo pasado…
No hay más que decir, por que es posible que no sea el mejor momento, ni tampoco la mejor situación... incluso, tal vez, no sea este ni el lugar adecuado para hacerlo, pero hoy, hace seis años...