La polilla batía desesperadamente sus alas olvidando aquel dolor que le atravesaba literalmente el cuerpo, fruto de un alfiler que la engarzaba directamente a un papel secante…
Ella había conocido un pequeño mundo, tal vez breve y limitado, pero siempre había sabido bien por él, a pesar de sus continuos e interminables golpes contra los cristales y sus continuos tropiezos contra la luz… si, no sólo el hombre tropieza dos veces con la misma piedra…
Ahora todo era distinto… su sensación de pánico desconocido se aunaba con la desesperación de impotencia, de incapacidad para recobrar lo que acaba darse cuenta de que su vida se le escapaba de forma tosca e inútil en cada uno de los aleteos que cada vez con menos vigor, seguía produciendo…
Su mirada, condenada a una vista única, observaba como su limitado mundo se convertía en estático, inamovible, casi rígido… totalmente inalcanzable cuando hasta hace poco, era un reto por descubrir… sus toscos oídos, percibían tras de si, el peculiar sonido de la música que de vez en cuando sonaba en aquella estancia, pero ya no podría volver a dejarse caer desde lo alto para columpiarse en las notas arrojadas al aire que llenan del grato sonido la estancia…
Un simple alfiler, y la polilla ha perdido toda su libertad mientras dentro de los últimos esfuerzos para liberarse, también está perdiendo su vida…
Un simple alfiler…
Cuantos alfileres llevamos nosotros clavados???
Moraleja: No abuses de la acupuntura.